“Mi nombre es David Aguilera y tengo una enfermedad rara llamada ‘enfermedad de Ollier’, también conocida como encondromatosis múltiple o encondromatosis. En los últimos meses ha derivado en un osteocondroma y es un poco más peligroso de lo que he tenido anteriormente”.

A sus 33 años, David se enfrenta a una de las batallas más importantes de su vida, salvar su pierna. En su Córdoba natal, los médicos del Hospital Reina Sofía, donde lleva años con seguimiento, le dijeron -tras varias resonancias y radiografías-, que el osteocondroma que había desarrollado en el gemelo de la pierna derecha no tenía operación. La enfermedad de Ollier, que se caracteriza por la aparición en los huesos de numerosos tumores benignos formadores de cartílago, había derivado en una lesión mayor. El tumor había cogido parte de hueso y nervios. “Decían que no tenían espacio para operar. Que la solución pasaba por amputarme la pierna”.

David, acompañado en todo momento por su novia Lupe.

Después del susto, David optó por una segunda opinión en Sevilla, en el Hospital Virgen del Rocío: “Allí los traumatólogos opinaban lo mismo. Sin embargo, en Oncología, después de hacerme muchas pruebas, me dijeron que podíamos probar algunos tratamientos antes de la amputación. Lo peor que me podía pasar era eso”, recuerda desde Pavía, la ciudad italiana a 35 km al sur de Milán hasta donde se ha trasladado con su novia para recibir tratamiento con hadroterapia.

Después de varias reuniones entre los especialistas en radioterapia y oncología del Virgen del Rocío, finalmente contactaron con el Cnao, Centro Nazionale di Adroterapia Oncologica, de Pavía. Nada más conocer la noticia de su traslado, el joven contactó con la Fundación Columbus, quien a día de hoy sigue acompañándolo en la lucha.

Ahora, David va por su tercera semana de tratamiento y está muy animado. Espera que la terapia a base de haces de iones le permita conservar la pierna y vencer la enfermedad. “La máscara que usan para la pierna me queda más suelta y yo me encuentro bien. Parece que se va reduciendo y se van notando los efectos. Durante el tratamiento, estoy tumbado boca abajo. Sobre un robot. La hadroterapia se hace en dos partes, primero unos 5 o 10 minutos de láser con iones y luego me mueven un poco la pierna y vuelven a darme otra sesión de otros 5 minutos. Lo que sientes es como un picorcillo por dentro de la piel. Calor. Pero no es doloroso y se aguanta bien, sin problemas”. En sus palabras, algo nerviosas por ser protagonista de esta historia, se atisban la fuerza y la esperanza de que todo irá bien. “Estoy aceptando el reto que la vida me ha puesto. Nunca hay que tirar la toalla”.

A familia la echo de menos. Además, como me han dicho que tengo que estar en reposo y que ande lo menos posible para evitar fracturas o la inflamación del gemelo, los días se me hacen más pesados. Pero ya queda menos. Hay que verlo así”.

Una de las situaciones más difíciles para cualquier paciente es recibir tratamiento a miles de kilómetros de casa y de sus seres queridos. “A familia la echo de menos. Además, como me han dicho que tengo que estar en reposo y que ande lo menos posible para evitar fracturas o la inflamación del gemelo, los días se me hacen más pesados. Pero ya queda menos. Hay que verlo así”. Y es que David se ha tenido que trasladar hasta Italia ya que en España, por el momento, no existe esta tecnología en ningún centro médico, lo que obliga a muchos pacientes como David a viajar al extranjero a recibir tratamiento.

A David ya le quedan solo 4 semanas más  de terapia, un proceso que “si es así de llevadero el resto de tratamiento, ¿dónde hay que firmar?”, afirma contento.