Dentro de poco se cumple un año desde que Alma viajó junto a su madre a Suiza para recibir terapia de protones y vencer así el rabdomiosarcoma que giró la vida de esta familia cuando la pequeña tan solo tenía nueve meses. “Alma se encuentra muy bien”, nos cuenta su madre, Clara.

El tumor de la pequeña de dos años ha remitido y este agosto tienen prevista de nuevo una revisión de oncología. Las dos están pasando unos días en la playa, en este verano extraño marcado por el COVID-19. “Después de dos años sin ver el mar, por fin hemos podido escaparnos, y estamos súper a gusto”. Y es que por fortuna, dado el estado de salud de su hija, la crisis sanitaria no les está afectando demasiado, más allá de las precauciones habituales para esquivar al virus: “Alma no se ha contagiado, no está con tratamiento de quimio y ha estado fenomenal durante el estado de alarma. El único cambio ha sido que cuando nos tocaba control, las citas eran en su mayoría telefónicas”, explica.

Aunque exista gente que incumple las normas de seguridad y no use mascarilla, nosotros tenemos que seguir al 100% para superar esto.

Sin embargo, Clara es consciente de que la pandemia está obligando a muchos pacientes a tener cuidados especiales por pertenecer a grupos de riesgo. “A todas esas personas vulnerables les diría que no bajen la guardia. Que aunque exista gente que incumple las normas de seguridad y no use mascarilla, nosotros tenemos que seguir al 100% para superar esto”.

Contacto con la Fundación Columbus

La relación de Alma con la fundación surgió como en muchas ocasiones, a través del equipo médico del hospital que suele tratar a los pacientes, en su caso en el Hospital 12 de Octubre, en Madrid. Este es el que valora la idoneidad de la persona afectada por cáncer para recibir protonterapia y a partir de ahí se contacta con la fundación para acompañar al paciente en su tratamiento.

La fundación pone a disposición de las familias afectadas y de los médicos diferentes recursos para facilitar el proceso. “Valoro muchísimo todo lo que han hecho. Desde que nos dijeron que éramos aptas para protones y hablamos con Andrea, de la fundación, todo fueron facilidades y ayudas. Sin ellos hubiera sido muchísimo más complicado tanto el viaje como el tratamiento”.

Ha pasado un año desde aquel viaje madre e hija hasta el centro Paul Scherrer Institute (Suiza). ¿Qué ha sido lo más complicado de todo este proceso?, le preguntamos. “Lo más complicado, además de afrontar la enfermedad, fue salir fuera del país con un bebé tan pequeño. Pasamos mucho miedo al principio. Pero luego todo fluyó y se nos dio muy bien”. ¿Y lo más gratificante? “Lograr terminar el tratamiento y llegar a tu país con el tumor en remisión completa”, recuerda.

La historia de Alma, y por ende de Clara, es un ejemplo más de lucha y superación. De una carrera de fondo frente al cáncer que requiere de mucha ayuda y acompañamiento, para que en los momentos de flaqueza, que los hay, existan fuerzas para seguir adelante. “A todas las personas que puedan estar pasando por una situación similar les diría que fuerza y ánimo. Parece muy complicado, pero luego todo va fluyendo. Y que no duden en contactar con la fundación. Para mí fueron primordiales en esta aventura”.

Muchas gracias, Clara.