El 15 de febrero celebramos el Día Mundial contra el Cáncer Infantil. Queremos hacerlo compartiendo el testimonio de Luisa, mamá de Pol. Hace casi un año que sus vidas dieron un giro. Pero esta súper mamá, con su súper familia de luchadores, nos ha permitido conocer hoy la historia del pequeño, que a los dos años le fue diagnosticado un rabdomiosarcoma:

Nunca olvidaremos ese 27 de febrero, casi un año ya desde el día que nuestra vida cambió totalmente. De inmediato supimos que nada sería igual, pero al mismo tiempo estaba segura de que saldríamos adelante, que ganaríamos esa batalla y que sería una historia más para contar a nuestros nietos. El cáncer, es una palabra que asusta a todos. A mí me costó mucho tiempo decir la frase: “Mi hijo de 2 años tiene cáncer”. Un rabdomiosarcoma que, como en la mayoría de tumores infantiles, es agresivo y poco frecuente.

Todo paso muy rápido desde ese día. Y lo que sentimos a partir de ahí, es algo totalmente indescriptible. Al día siguiente del diagnóstico, ya estábamos en el área de oncología del hospital. Es difícil imaginarlo, pero cuando estábamos ahí, nos sentíamos más seguros y arropados. Desde un inicio nos explicaron todo lo que sería el tratamiento de nuestro hijo, lo que podía pasar, y paso a paso nos fueron llevando de la mano (literalmente) durante todos los procesos. A las dos semanas ya estábamos ingresados para su primer ciclo de quimioterapia. Asusta, pero poco a poco, normalizas todo. Y ahora hablamos de quimio como quien habla de apiretal…es verdad.  

Fue durante el sexto ciclo de quimio, mientras jugábamos en la sala de juegos del hospital, que recibimos una noticia muy especial: ¡Nos vamos a Alemania! No sabéis la alegría tan grande que nos dio esto. Primero, porque nuestro hijo recibiría la mejor radioterapia para su caso, la protonterapia, en uno de los mejores centros y, segundo, porque teníamos muy claro que nos iríamos los cuatro juntos. Si, allá donde vamos, juntos y fuertes es como mejor hemos podido estar.

Y así fue, como gracias a uno de los tantos ángeles que hemos conocido, dimos con la Fundación Columbus. Nos ayudaron mucho a encontrar el mejor hospedaje, a solucionar todas nuestras dudas, pero, sobre todo, a darnos ese apoyo moral que se necesita tanto. Desde aquí quiero agradecer primero a una familia que solo hemos conocido por teléfono: Susana y su hijo Gael. Cuando supimos que nos íbamos a Essen, desde el hospital rápidamente nos pusieron en contacto con Susana. Hablar con ella, conocer su historia y experiencia nos dio una fuerza para poder irnos allá que siempre le agradeceré.

Y segundo, agradecer a la Fundación Columbus, a la casa Ronald McDonald en Essen, al WPE y al Kinder Clinic en Essen. Todos y cada uno de ellos nos recibieron con los brazos abiertos y nos ayudaron a afrontar el tratamiento con las mejores armas.

Casi un año llevamos ya con esto, y seguimos en tratamiento, pero nuestro hijo poco a poco va mejorando y comenzando a hacer vida mas normal. ¡Ya ha tenido su primer día de cole!

Ningún padre olvidara ese día, ese 27 de febrero que la vida nos cambió sin preguntarnos. El cáncer, es una lotería, mala lotería, pero no tiene por qué definirnos así. Trato de no preguntarme el por qué nos ha pasado, y desde el primer día, mi marido y yo dijimos: “Nos encargaremos de que nuestro hijo nunca pierda la sonrisa”. Y eso ha pasado, a pesar de todo, hemos aprendido a sonreír, a disfrutar la vida. Estamos felices, estamos juntos y estamos fuertes.

Un abrazo todos y a cada uno de vosotros, padres que estáis, estamos, enfrentando esta situación, difícil, dura y llena de incertidumbres. Esta enfermedad nos cambia la vida, las noches son largas y los días cortos. Llorad, llorad mucho, pero sobre todo reíd y disfrutad cada segundo.

 

¡Gracias, Luisa, por compartir tu historia!